Bienvenida 

Hoy le doy la bienvenida a una nueva capa en esta coraza que abriga mi corazón.

Habrá que ponerle un nombre, o mejor le pongo el tuyo, así quedará marcada la persona que casi consiguió demolerla pero acabó construyendo una más fuerte y resistente, a la par que se iba a haciendo más presente su ausencia junto con mi amor propio, el mismo que hoy me repite con cada pálpito que las segundas oportunidades son pérdidas de tiempo y que quien no te elige ahora te pierde para siempre.

Siento que he defraudado a mi almohada, a la que junto con cada lágrima, una noche cualquiera, le prometí que jamás volvería a vestirla con decenas de gotitas de agua que envuelvan daños, años y personas. Pero llegaste tú con un par de sonrisas y algún que otro chiste malo sobre lo bonito que era tenerme a tu lado, del que en su momento nos reímos juntos y ahora solo ríes tú, y me destruiste completamente esa armadura, como si ella de paja y tú de lobo feroz se tratara, quien me lo iba a decir a mí.

Y ahora, después de toda esta demolición ¿dónde estás para cuidar el tesoro que llevaba ahí escondido? el que te dejé totalmente desvestido. Hace poco me hablaron de tí, de que eras el mejor pirata que jamás había surcado mis mares en calma, al que le gustaban más las aguas bravas y llevarse grandes fortunas de recuerdo, pero en esta ocasión solo la dejaste ahí a la vista de cualquiera y no sé que es peor, si que te lo lleves tú o regalárselo al primero que lo encuentre y que no lo trate como lo más valioso de mí.

Me desnudaste de la forma más bonita que jamás habría imaginado, sin darme cuenta de cada capa que ibas arrancándome, aunque la verdad es que no quería que parases de hacerlo, no tenía miedo y decidí saltar contigo al mundo tan maravilloso que me pintabas, el que al final acabó siendo un vacío más, o uno menos, porque ahora estaba ocupado por mí y tu recuerdo, que es lo único que permanece a mi lado.

Creo que ya es hora de vestirme de nuevo, aunque no estés para ayudarme a construir todo lo que has hecho añicos. Ahora tengo que admitir que si siento miedo, pero no sé si a que no me de tiempo a cimentar los tabiques que me protegían o a que no vuelva a confiar en quien intente demolerlo de nuevo, pero en el momento que diste media vuelta la que te dio la espalda fui yo, una construcción me esperaba, en cambio a tí no te aguardará nadie.

Querido corazón, ve con más cuidado, casi pisas una mina por ir envuelta en una bonita sonrisa que estuvo a punto de dejarte cegado y hecho añicos.

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