Jaula del inconsciente

Sigo encerrada en esta jaula,
buscando la llave que me de la libertad,
camino un par de pasos
y la puerta sigue cerrada,
aunque ya no hay candado.

Una venda me impide ver más allá de los barrotes,
una coraza me dificulta sentir algo que no sea frío,
los huesos de mi columna opinan que grite,
pero la voz me abandonó a la vez que lo hice yo.

Decido emprender un nuevo rumbo
y avanzo tres pasos más,
la puerta está abierta,
pero yo no puedo salir.

Después de tanto tiempo el mundo se me viene grande
y esa jaula está más viva que yo.
Qué irónico temer a la muerte,
cuando yo he muerto un par de veces al día.

Ahora entiendo lo que es resucitar,
sonreirle a mis lágrimas,
huir teniendo los pies anclados,
volar alto y que no alcancen a cortarte las alas.

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